11 enero 2005

cuando las musas no están..

Para quienes escribimos (bien o mal, según convenga) un problema que siempre ocurre, al menos una vez en nuestra vida, es cuando las musas parecen haberse ido. Quizá solo decidieron irse a otro a embriagarse entre ellas, cansadas de ser nuestras esclavas, pues los escritores solemos ser crueles; o tal vez se fueron a jugar y se perdieron mientras buscaban el camino de regreso y aun siguen pidiendo ayuda para regresar. Quién sabe.

Alguna vez ( ahora que me doy cuenta siempre digo alguna vez cuando no recuerdo exactamente la fecha) escuche una historia muy bella, un cuento de un compañero mío de la universidad. No recuerdo su nombre, ni del autor, ni del cuento pero sí recuerdo la historia y me parece justo contarla. Esta vez a mi manera, espero la esencia no se pierda.


...el cuarto lleno de estuches de óleo y bastidores rotos despedía un olor a cigarro mezclado con sexo sucio y comprado. El, totalmente desesperado, no sabía a dónde se habían ido. Maldijo a Dios en quien tampoco creía, maldijo al mundo entero, a sus amigos, a quienes solían envidiarlo; al poco rato, cansado y con lágrimas en los ojos, se maldijo a sí mismo.


Durantes días probó casi todo tipo de alucinógenos, ni las curiosas pastillas celestes de moda entre la juventud perdida de su ciudad, ni las tres líneas de cosa que hacía medio hora se había administrado le eran suficientes... su manos totalmentes absurdas no se atrevían a tocar los pinceles que estaban regados en el suelo confundidos con algunas fotografías que había pedido por correo la semana anterior.


No podía contener las lágrimas, la música que más le encantaba eran ladridos de desesperanza en el reproductor de Cds ahora. No le faltaba sexo, no le faltaba el vino, ni el licor más barato, ni la poesía que solía leer cuando "ellas " estaban ahí. Tampoco la imaginación.


Con la mente cuarteada de tanto maltratarla y las manos sucias quería destrozarlo todo. Todo, empezando por él mismo, al final de cuentas ya nada tenía sentido pues su vida era pintar y no sabía desde cuando todo esto había comenzado pero sus manos, su cuerpo, sus venas ya no estaban inspiradas.

De repente una idea se le vino a la mente, no tenía más opciones, que gritar y aullar de dolor mientras cumplía sus pensamientos. Casi corriendo entró a la cocina, abrió la gaveta de los cuchillos, el más pequeño y punzante ya estaba esperándolo...


Sus alaridos no aturdieron su mente, dolía, sangraba, su camisa ya bañada de sudor ahora estaba tan roja como su alma. Se había quitado los ojos, uno a uno cayeron al suelo. Sabe dios cuánto dolor puede causar esto (el mismo dios a quien él habia maldito). Pero entre tanto sufrimiento reconoció sus pinceles, congió el bastidor que estaba listo, pues en medio de tanta confusión y locura...las musas habían vuelto.

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