Después de haber almorzado me encontré a Rocío. La acompañé a almorzar ya que tenía un poco de tiempo libre. En realidad creo que huía un poco de mi soledad en ese momento. Mientras ella comía la ensalada de frutas que se le antojó como almuerzo me contaba sobre su relación con Paulo. Él, italiano que habla español a la perfección, vivía llamándola y tomando en serio la relación que habían comenzado cuando ella se fue becada a Europa. Ella, peruana, se lo tomaba más a la ligera. Paulo había decidido pasar sus vacaciones acá junto con ella, seguramente él pagará todo. Me estressa un poco que venga te diré, pero también me gusta, me contó. Supe que la idea de viajar gratis - porque obviamente él iba a pagar todo- no la animaba más de lo que le preocupaba lo en serio que estaba tomando Paulo la relación. Suerte que tienes quien te pague los viajes, no pude evitar pensar. Me alegró saber que Rocío no era interesada, últimamente lidiaba con poca gente así, por lo que había ternmiando por homogeneizar a todo el mundo. También me decepcioné de mi mismo por sentir envidia.
Yo tampoco me siento tan emocionado, con mi vida. Los últimos dos años no han sido malos pero creo que no ha pasado nada realmente importante y he convertido mi día a día en eso, en un ver pasar los días, los fines de semana, los meses sin apenas un atisbo de sorpresa que me llene enteramente. Los problemas son poco y algo fáciles de resolver. No me quejo de tener la vida poco complicada, estoy seguro que hay mucha gente que la pasa muy mal, tanto que envidiaría mi forma de vida. Pero eso no niega lo insatisfecho que estoy. Comienzo a pensar que no soy feliz. Ya veré que hago.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario