Te ruego mirarme
cuando caminas,
cuando vas de espaldas al cielo
cuando miras al espejo.
Te ruego
aprender de ti
recordarte.
Te ruego que bailes.
Te suplico
que me lleves a la iglesia,
que cantes un concierto a mi oído.
Te suplico un silencio
un abrazo de tu pecho,
una pausa de latidos.
Te ruego,
te ruego
te ruego que bailes en mi cuerpo.
24 febrero 2009
21 febrero 2009
Ni voluble, ni sencillo.
Ni voluble,
ni sencillo
quiero entrar en tu cuerpo.
Son saltos confusos
que impulsan a mis dedos
a la curvatura insuperable
y la ligereza de tus senos.
No quiero explicar
todo lo que es este deseo
asesino de cualquier otro pensamiento,
solo quiero que entiendas
Ausente estoy, estás lejana,
y sin embargo tengo
tu suntuosa piel
entre mi frente y en mi espalda.
Severo y tenue
quiero hallarme en ti.
No quiero demorarme en explicar
lo que es este deseo,
pero a veces quisiera que vivas
el sabor de tu cuello
arrastrado en mi boca
y el reflejo de tu rostro
con los ojos hacia el cielo.
ni sencillo
quiero entrar en tu cuerpo.
Son saltos confusos
que impulsan a mis dedos
a la curvatura insuperable
y la ligereza de tus senos.
No quiero explicar
todo lo que es este deseo
asesino de cualquier otro pensamiento,
solo quiero que entiendas
Ausente estoy, estás lejana,
y sin embargo tengo
tu suntuosa piel
entre mi frente y en mi espalda.
Severo y tenue
quiero hallarme en ti.
No quiero demorarme en explicar
lo que es este deseo,
pero a veces quisiera que vivas
el sabor de tu cuello
arrastrado en mi boca
y el reflejo de tu rostro
con los ojos hacia el cielo.
16 febrero 2009
Para saludarnos
Hay un silencio incómodo,
una traducción venérea,
una sombra desnuda,
un prototipo de disculpa,
once alfombras transparentes,
un sinfin de puntos suspensivos,
dos bocas dibujadas,
un pétalo artificial,
veintinueve huellas de arena,
tres horas interrumpidas,
persiguiéndonos.
Corren
las bolsas de juguetes,
tus zapatos de arcilla,
mi insuperable retina,
las bicicletas estacionadas,
los árboles de las hojas.
los libros de las páginas,
las letras del teclado,
el filo de las navajas,
los sueños de los despiertos,
el oro de los dientes,
la sed de los hambrientos,
se caen
se tropiezan
sangran
lentamente.
Al revés está el mundo.
Famoso,
por tocarnos la espalda para saludarnos.
una traducción venérea,
una sombra desnuda,
un prototipo de disculpa,
once alfombras transparentes,
un sinfin de puntos suspensivos,
dos bocas dibujadas,
un pétalo artificial,
veintinueve huellas de arena,
tres horas interrumpidas,
persiguiéndonos.
Corren
las bolsas de juguetes,
tus zapatos de arcilla,
mi insuperable retina,
las bicicletas estacionadas,
los árboles de las hojas.
los libros de las páginas,
las letras del teclado,
el filo de las navajas,
los sueños de los despiertos,
el oro de los dientes,
la sed de los hambrientos,
se caen
se tropiezan
sangran
lentamente.
Al revés está el mundo.
Famoso,
por tocarnos la espalda para saludarnos.
07 febrero 2009
desidia
¿Cómo veo la vida?
¿cómo la respiro,
la saboreo,
la toco,
la siento,
la huelo?
Estas preguntas no nacen por sí solas,
definitivamente tú las inspiras.
Complicado responder, dijiste.
¿cómo la respiro,
la saboreo,
la toco,
la siento,
la huelo?
Estas preguntas no nacen por sí solas,
definitivamente tú las inspiras.
Complicado responder, dijiste.
06 febrero 2009
Kavafis - Candelabro
Hay un poema -que leí hace un par de años y ayer releí- que ha influído mucho en mí.
se llama CANDELABRO y es, sin duda alguna, un poema exquisito, filosófico y erótico.
En un cuarto
-vacío, pequeño, cuatro paredes
cubiertas de tela verde-
un hermoso candelabro arde cálidamente;
y en su ardor, cada una de nuestras pasiones
arde también con violenta lascivia.
En el pequeño cuarto,
donde brilla el vívido fuego del candelabro,
la luz es única.
No es para cuerpos tímidos
la voluptuosidad de estas llamas.
se llama CANDELABRO y es, sin duda alguna, un poema exquisito, filosófico y erótico.
En un cuarto
-vacío, pequeño, cuatro paredes
cubiertas de tela verde-
un hermoso candelabro arde cálidamente;
y en su ardor, cada una de nuestras pasiones
arde también con violenta lascivia.
En el pequeño cuarto,
donde brilla el vívido fuego del candelabro,
la luz es única.
No es para cuerpos tímidos
la voluptuosidad de estas llamas.
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