SUEÑOS En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó. (Borges). Solía esconderme en las copas de los árboles que te circundan ahora. Solía huir de ti porque mi voz se apagaba, tan solo desparecía ante tu mirada perdida. Detrás de mí la luna era mi fiel seguidora como si fuese esa su misión interminable. La noche no acababa mientras te desvestías,tu piel no escondía su belleza ante mí. Era también costumbre mía ocultar mi rostro con mis dedos quienes se abrían, para no verte y para verte también. Tus pasos ingrávidos, ahora parecidos a los míos, viajaban hacia la cama después de apagar las velas. Yo estaba allí, presenciando tu dormir tranquilo. Tus cabellos largos acariciaban la almohada blanca que protegía tus sueños, testigo blanco de tu aroma a rosas y yo, a tu costado, los velaba pacientemente, como si estuviera hecho de humo, de incienso, subiendo sin alas, ya sin droga. Me entristecía verte dormir con gestos de nostalgia y despertar con el rostro húmedo de sudor y un leve llanto nocturno. Una de aquellas noches de insomnio mío, vigilándote, nació en mí una idea. Decidí intervenir en tus sueños, en el mundo irreal que habitabas de noche, constante y desafiando al espacio oscuro y perplejo que suele ser. Tan distintos de la realidad no son los sueños. Tal vez nunca terminé de sorprenderme de ti y me enamoré de tus deseos, lugares que tu habitabas sin miedo alguno, que tu creabas insaciable de imaginación, que yo desconocía. Aquella noche me atreví conocerte en tus sueños, toqué tu brazo y me puse a soñar contigo. Los días siguientes nos conocimos en tu mundo imaginario. Me agrado ser lo que soñabas. Fuimos niños, adultos y ancianos.Te enamoraste de mi de una manera hermosa y digna de un cuento de hadas y en tus sueños fuimos uno solo de nuevo. La ultima noche decidí hacerte saber quien era yo realmente, que ya te conocía desde antes, que me había enamorado de ti. Tal vez no debí decírtelo pues lloraste mucho otra vez en el jardín de flores donde comenzamos. Te explique que era un fantasma y que estabas soñando. Tu me corregiste diciéndome que el que soñaba era yo y que cuando despertabas eras donde empezabas a soñar. Nunca pude comprenderte aquella vez pero supe que era la despedida. No regresé a ningún sueño tuyo pues tu ya no despertaste. Tal vez tenías razón y yo aun siga siendo un sueño tuyo, tal vez tu estés imaginando en tu mundo, al que yo llamaba irreal. Debo decir que tu familia lloró mucho tu partida ahora yo estoy ante los árboles que te circundan del bello cementerio donde reposamos. Pero yo aun sé que sigues soñando. |
15 agosto 2004
sueños
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario